El mirroring o efecto espejo consiste en reflejarte: tus gustos, tus valores, tus heridas, tus sueños aparecen de pronto en la otra persona como si fueran suyos. El resultado es la sensación de haber encontrado un alma gemela en tiempo récord — alguien que "es como tú" en todo lo que importa.
La trampa está en el origen de esa coincidencia. La compatibilidad real se descubre despacio, con fricciones incluidas; el espejo se construye con la información que tú misma vas entregando. Cuentas lo que te gusta, y le encanta. Cuentas lo que te hirió, y resulta que vivió algo igual. Cuentas lo que sueñas, y lo soñaba desde siempre. No estás conociendo a alguien: estás viendo tu propio reflejo devuelto con unos días de retraso.
El espejo explica una de las experiencias más desconcertantes del final de estas relaciones: mirar atrás y no reconocer a la persona del principio. No es que cambiara — es que aquella persona, en buena parte, era un reflejo tuyo. Cuando el espejo deja de ser útil, se retira, y aparece alguien a quien apenas conoces.