DARVO son las siglas en inglés de Deny, Attack, Reverse Victim and Offender: negar, atacar e invertir quién es la víctima y quién el agresor. Es el guion que describe la investigación sobre respuestas a la confrontación —lo acuñó la psicóloga Jennifer Freyd— y, una vez lo conoces, lo reconoces en bucle.
Funciona así. Tú planteas algo que te hizo daño. Primero, la negación: eso no pasó, no fue así, exageras. Si insistes, llega el ataque — ya no se habla de lo que pasó sino de ti: tu tono, tu memoria, tu "manía de guardar rencor", tus fallos de hace tres años. Y el cierre es la inversión: la persona que causó el daño termina la conversación herida, atacada, víctima de tu crueldad por haber sacado el tema. Resultado neto: entraste con una queja legítima y sales pidiendo perdón.
El poder del DARVO está en su efecto acumulativo: cada confrontación fallida te enseña que quejarse sale caro. Con suficientes repeticiones, dejas de plantear nada — no porque no haya nada que plantear, sino porque ya sabes cómo acaba. El silencio que queda no es paz: es aprendizaje.