El hoovering — de la marca de aspiradoras Hoover — es el intento de re-absorción: el regreso que llega después del descarte, o cuando eres tú quien por fin se ha ido. El mensaje nostálgico en tu cumpleaños. La crisis repentina que solo tú entiendes. El «he cambiado» con detalle de todo lo que le reprochaste. La canción, la foto, el "me acordé de ti". Formas distintas, función idéntica: reabrir el acceso.
La clave para no leerlo mal está en el momento y en el después. El momento: el hoovering tiene una puntualidad inquietante — aparece justo cuando empezabas a estar mejor, cuando llevas semanas sin mirar el teléfono, cuando alguien nuevo asoma. Como si tu avance fuera la señal. El después: si respondes, descubres que el cambio prometido dura lo que dura la reconquista; una vez dentro, el ciclo continúa donde se quedó. El hoovering no viene a reparar la relación — viene a recuperar el suministro.
El matiz justo: no toda expareja que escribe está haciendo hoovering; la gente busca cierre, se equivoca, echa de menos de buena fe. El patrón se delata por la combinación: puntualidad sospechosa + promesas que calcan tus quejas + historial de vueltas anteriores que no cambiaron nada. A la tercera vuelta del ciclo, el mensaje de cumpleaños ya no es un mensaje: es un anzuelo con fecha.